domingo, 31 de julio de 2011

Mirar lo ajeno (2)


Mirar lo ajeno nos aleja de nuestro centro, para cedérselo a los demás en lugar de reconocer en nosotros mismos los tesoros interiores que nos negamos a valorar para, en cambio, sí hacerlo en los demás.



  • Mirar lo ajeno es una forma de olvidarnos a nosotros mismos.
  • Mirar lo ajeno nos conecta con lo exterior y nos hace sentir mal en el interior.
  • Mirar lo ajeno es prueba de que no sabemos valorarnos lo suficiente y de que no sabemos agradecer y agradecer lo que somos y como somos pues no nos aceptamos.
  • Mirar lo ajeno nos aleja del momento presente que envuelve nuestra alma.
  • Mirar lo ajeno nos conecta con la envidia, con los celos, con la falta de amor por nosotros mismos en lugar de alegrarnos por lo bueno que hay en nosotros y en los demás.
  • Mirar lo ajeno es la mejor prueba de que debemos empezar a fortalecer nuestra autoestima y seguridad.
  • Mirar lo ajeno nos hace depender de la aprobación de los demás y compararnos con ellos.
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domingo, 12 de junio de 2011

La asertividad




La asertividad se basa en la delimitación de límites respetándose a uno mismo y a los demás y en un conocimiento consciente de las necesidades del entorno y de las expectativas de todos sus implicados pero sin dejar que las expectativas de otros obstaculicen las nuestras, valorando los intereses comunes en la consecución de acuerdos que beneficien a todos.

Una persona asertiva es una persona sensible a sus necesidades y a las necesidades ajenas y sabe mantener el equilibrio entre la propia dignidad y la de los demás.

La asertividad implica empatía y dotes de habilidades sociales además de una sana autoestima y el haber encontrado el equilibrio entre el proísmo y el egoismo.

La asertividad está íntimamente relacionada con la inteligencia emocional y con dotes comunicativas y dialogantes en las que la persona no se siente mal por expresar y delimitar los propios límites y defenderlos de forma correcta en base a sus criterios y valores.

Una persona empática confía en sí misma y sabe mantener la armonía consigo misma y con los demás.

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miércoles, 18 de mayo de 2011

Mirar lo ajeno


A veces miramos al otro como dando por supuesto que él está mejor que nosotros y no necesariamente debe ser así. Lo triste de esto es que mientras estamos pendientes suponiendo o imaginando sus condiciones personales o emocionales, estamos descuidando nuestro propio estado emocional, sobre todo, porque quizás prestamos más atención a lo negativo que se halla en nosotros (lo cual nos empuja a valorar o cuestionarnos las condiciones o situaciones ajenas en lugar de reconocernos a nosotros y vivir nuestro presente o tratar de ver al otro como un espejo de nuestro mundo interior) que a lo bueno que se manifiesta o se halla escondido en nosotros. Una excelente opción sería tratar de escudriñar donde se halla nuestra belleza interna, aquella que nos confiere la luz de la verdadera naturaleza humana, en forma de autoestima, honestidad, sinceridad, etc. en lugar de ignorarla y dejar que emociones negativas nos dominen sin ser conscientes de ello y aceptar lo negativo para tratar de pulirlo. Si alguien está mejor que nosotros, debemos alegrarnos por él y, si está peor, aceptar su proceso de evolución y desearle lo mejor.

La mejor opción es pensar que en lugar de mejor o peor, en realidad, se trata de diferentes grados de evolución y que el camino de cada uno es personal y variable, por tanto, lo que hoy es de un modo, mañana puede cambiar pues todo es transitorio y estamos de paso, por eso, si hemos desarrollado el desapego y la aceptación de las circunstancias, más entregados estaremos a la misión de nuestra alma y, por tanto, más profundizaremos en el mejor aprendizaje: el de nosotros mismos, aquél que nos habla desde el silencio, la intuición y certeza que nos otorga la sabiduría interior. En esta sabiduría reside la auténtica magia de la vida porque nos conecta con el ser, aquello que somos en esencia y que estamos destinados a conocer y experimentar.


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martes, 10 de mayo de 2011

La confusión


La confusión es un sentimiento que imposibilita decidir cuestiones importantes a la persona que le invade, por lo que prefiere postergar la toma de decisiones debido a esta confusión que puede ir acompañada de miedo, temor o inseguridad. Además, el sujeto confundido se siente vulnerable y carece de la determinación necesaria para afrontar las consecuencias de cualquier decisión. Así pues, sigue navegando sin rumbo fijo, dejándose arrastrar por las circunstancias. Si toma una decisión, la persona no se siente segura y le es fácil dudar y echarse atrás.

La mejor manera de luchar con la confusión es calmar la mente y buscar el silencio interior con técnicas como el yoga, la meditación o similares que nos ayuden a encontrar la confianza y la paz en nosotros mismos y en la vida. Escucharnos a nosotros mismos y encontrar el tiempo para detenernos también nos ayudará.

Cuando la mente está en calma es el alma quien nos habla y no la mente egótica por lo que el camino a seguir se descifrará y la claridad mental sobrevendrá. Sin embargo, es necesario darse tiempo para abrirse al proceso de reencuentro con uno mismo y de darse permiso para ser conscientes que somos seres de luz y que la luz interior se abrirá paso, si escuchamos los designios del corazón, aprendemos a dejarnos llevar por la intuición y a descubrir quienes somos, precisamente, para dedicarnos a ser y a desarrollar la misión del alma.

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sábado, 16 de abril de 2011

La tristeza (2)



La tristeza es este sentimiento que nos causa abatimiento y que nos impide tener la claridad necesaria para vislumbrar una solución a aquello que nos angustia, precisamente, porque nos dejamos vencer por la pesadumbre y nos sentimos hundidos y frustrados al no haberse satisfecho nuestras expectativas. Las expectativas nos hacen esclavos del futuro y lo condicionan a los rígidos esquemas de nuestra mente pues si estos esquemas dejaran de ser tan rígidos y se volvieran más flexibles para aceptar la realidad tal como es, la tristeza no se apoderaría de nosotros hasta el punto de abatirnos.

Una forma de vencer la tristeza es entregarse a ella, llorarla, para sacarla afuera y darnos cuenta de que las cosas no son siempre como querríamos que fueran pues nos hallamos en un mundo dual donde las circunstancias se mecen en los diversos grados de la balanza. Esos diversos grados nos dejan una enseñanza gracias a la cual nos volvemos más sabios, más tolerantes y más fuertes. La tristeza, bien gestionada, nos conduce posteriormente a la aceptación y a la paz que nos deja.

Cualquier sentimiento se vence aceptándolo y abriéndole los ojos, en lugar de darle la espalda, aunque nos cause dolor al principio pues el dolor forma parte de la vida y acaba convirtiéndose en nuestro maestro, ese maestro que nos conducirá por la senda de la existencia y que, a veces, nos abrirá a posibilidades inesperadas.

Así pues, la tristeza:

  • nos hunde en la negatividad
  • nos abate y cierra nuestro margen de acción
  • proviene de la no aceptación de las circunstancias
  • nos aleja de nuestro centro de poder y confianza en nosotros mismos
  • nos demuestra que no sabemos transitar en la incertidumbre
  • puede llegar a ser el preludio de algo mayor
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lunes, 28 de marzo de 2011

Confiar ciegamente

Confiar en los demás no debería ser confiar ciegamente y nunca debe implicar que creamos tanto en alguien que cometamos el error de idealizarlo a toda costa pues todos actuamos en función de nuestro momento actual de evolución y, por tanto, cometemos errores y aciertos. La idealización, por tanto, no contempla que alguien pueda equivocarse y nunca responde a una realidad objetiva.

De igual manera, si alguien comete un error y lo censuramos duramente y para siempre por ello o lo apartamos de nuestra vida, no contemplamos la posibilidad de que pueda rectificar, enmendarse o simplemente reconocer su error. Por tanto, centrarse en la idealización o en su opuesto, el menosprecio o la indiferencia es una muestra de que nos movemos en los extremos de la balanza.

  • Confiar en las personas nunca debe cerrarnos los ojos a la posibilidad de error en su actuación y, de igual forma, confiar en nosotros mismos incluye que nos aceptemos con nuestros defectos y virtudes y que nos perdonemos por nuestros errores y valoremos y potenciemos nuestras cualidades. Además, perdonarnos a nosotros mismos facilitará que perdonemos a los demás.
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sábado, 12 de marzo de 2011

Las alas del momento presente


Tratar de asirnos a un momento presente que nos gusta para apropiarnos de él y pretender que se eternice es no reconocer la esencia temporal y transitoria del momento el cual se va transformando para obedecer a su naturaleza variable. La principal enseñanza que nos transmite la esencia temporal del instante cuya manifestación de cambio es inevitable es que cuando ese cambio no nos agrada, debemos abrirnos a su aceptación o a la posibilidad de hacer lo posible por generar otro cambio o, incluso, que ocurra lo inesperado, a veces, simplemente confiando y dejando de preocuparse.

El momento presente puede ser valorado y disfrutado, mientras dure, abiertos a sus alas las cuales pueden desplegarse para ser reconocido, aceptado o cambiado. Una mente consciente sabe que el momento se desvanecerá para dar lugar a otro y que en ese inevitable devenir podemos encontrar el jugo y el néctar de la vida en lugar de encerrarnos o limitarnos en nuestros juicios o miedos que envenenan el instante y le roban su frescura, sobre todo, cuando tratamos de defender nuestro territorio como consecuencia de una falta de flexibilidad o tolerancia.

La libertad del momento presente nos invita a entregarnos a él y a adaptarnos a su esencia mutable conciliándonos a través de ella con nuestra naturaleza más humana y genuina: aquella en la que se fluye con la vida y se camina de la mano con ella, respirando con la conciencia, respetando su ritmo y unificándonos con ella, dejando atrás la resistencia, la queja, la crítica o la culpa. El momento presente es libre en sí mismo, por tanto, nunca podremos alargarlo, agarrarlo o adquirirlo. Podremos dejarlo atrás, soltarlo, abrirle los ojos, paladearlo o fundirnos con él. Pero pretender asirnos a él, sin que nada cambie nos hace sucumbir ante el ego que todo pretende controlarlo y que nos esclaviza y tiraniza limitándonos en el tiempo, a las prisas, a las exigencias y a los temores que nos vuelven inconscientes, sin control sobre nuestras emociones. El tiempo no pasa tan rápido como el ego quiere hacernos creer, pues si lo asumimos de forma consciente, percibimos que todo tiene su duración, su ciclo, su proceso en cada instante que, vivido y reconocido desde su raíz, desde el ahora, nos conecta con el convencimiento y la seguridad interior en que sabemos que estamos haciendo lo correcto, cumpliendo con nuestra misión en la que la magia de la vida se manifiesta en sintonía con el todo: especialmente, cuando nos detenemos para escuchar y recrearnos en nuestro silencio interior, agradeciéndolo como un regalo y un amigo a quien prestar atención. El momento presente se manifiesta, se desarrolla y se va en un vaivén de circunstancias. Aceptarlo y permitirlo así es el arte de la vida. De esta forma, el momento eclosiona, se manifiesta, se expande y cesa para dar lugar al siguiente en un continuo flujo vital en el que se asienta la sabiduría de la existencia.

Safe Creative #1103128688538

Me ha inspirado este artículo el libro El poder del ahora de Eckhart Tolle, ese genial maestro que nos ha regalado una de las mejores obras del mundo espiritual.