miércoles, 21 de julio de 2010

Estrella interior




En nuestro interior mora una estrella cuya luz depende en intensidad del grado de nuestras emociones y sentimientos. La crítica, el desasosiego y las actitudes que hinchan nuestro ego empañan su luz y la diluyen. Mientras que el altruismo, la quietud y el respeto contribuyen a que esta estrella intensifique y propague su luz no sólo en nuestro corazón sino en corazones cercanos al nuestro. De hecho, si permanecemos estables en el momento presente y nuestra mente no escapa continuamente al pasado y al futuro, algún día veremos brillar a nuestra estrella a nuestro alrededor y literalmente contemplaremos su luz y sus efectos en nuestras vidas, convirtiéndolas en auténticas y espirituales. Disfrutar del espectáculo de los rayos de nuestra estrella nos elevará a una plenitud simplemente por el hecho de reconocernos y de ser nosotros mismos a gusto con nuestro entorno.



Lo que apaga nuestra estrella:

  • Los juicios
  • La hipocresía y la envidia
  • Las comparaciones
  • Las prisas y las exigencias
  • Creernos el centro del mundo
  • Despreciar a los demás
  • Competir y creernos con derecho a todo

Lo que aviva nuestra estrella:

  • La honestidad
  • Dejar a un lado el protagonismo
  • Dejar atrás el resentimiento y liberarnos de actitudes adictivas
  • Entregarnos al ahora sin miedos
  • Olvidar los prejuicios y mantener una mente abierta y flexible
  • Creer en lo que hacemos
  • Atrevernos a hacer aquello que nos gusta, aunque sólo sea en el tiempo libre
  • Abrirnos a las lecciones de la vida sin resistencia
  • Ser sinceros sin dañar los sentimientos de los demás
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sábado, 15 de mayo de 2010

El ser interior


Abrirse al ser interior es despertar y reencontrarnos con nuestra esencia de niño interior, con aquella perfección que fue creada al nacer y que forma parte de nosotros de forma natural. Pero es algo que acostumbramos a olvidar y a ignorar en parte porque el autoconocimiento implica cambiar lo que se nos ha enseñado durante años, romper esquemas y rendirnos a la evidencia de nuestro propio yo, ese yo que ha estado ahí desde siempre y que se manifiesta desde el estado de la paz y la quietud mental y que nos abre las puertas a la autoconfianza, el positivismo, la flexibilidad y el desapego. Ese ser que nos dice que las cosas son como deben ser, no como nuestro ego nos impone que sean. Vencer eso puede llegar a convertirse en un gran reto con nosotros mismos.

La relación con el ser interior se basa en lo sencillo y en mirarlo desde el amor del corazón no desde los intereses del exterior, que nos condiconan y nos encierran en una cárcel sin ser conscientes de ello.

El ser interior está libre de juicios y se nutre de un sentido de unidad consigo mismo y con los demás.

Una meditación que puede acercarnos a él es imaginarlo como la brisa, esa brisa que siempre nos rodea en el aire. El aire siempre ha estado ahí, aunque no queramos darnos cuenta, pendientes de otros detalles que tienen el poder de absorbernos por completo. Es ese aire gracias al cual podemos respirar, el que siempre abraza nuestro cuerpo y nuestras emociones y, que cuando se transforma en una dulce brisa, nos acaricia la piel y puede llegar incluso a penetrar por nuestros poros y cada pliegue de nuestros pensamientos hasta fundirse con el amor de nuestro corazón. Siéntelo así por unos instantes. ¿Notas como tienes ganas de sonreír?... Es tu corazón que te dice que te fusiones con su risa a través de tus labios. Sonreíd al unísono. Sonríele a tu ser interior y a la vida que tienes la dicha de vivir y siéntete tú mismo desde la calma del momento presente.

Sonreír al ser interior


Abrirse al ser interior es despertar y reencontrarnos con nuestra esencia de niño interior, con aquella perfección que fue creada al nacer y que forma parte de nosotros de forma natural. Pero es algo que acostumbramos a olvidar y a ignorar en parte porque el autoconocimiento implica cambiar lo que se nos ha enseñado durante años, romper esquemas y rendirnos a la evidencia de nuestro propio yo, ese yo que ha estado ahí desde siempre y que se manifiesta desde el estado de la paz y la quietud mental y que nos abre las puertas a la autoconfianza, el positivismo, la flexibilidad y el desapego. Ese ser que nos dice que las cosas son como deben ser, no como nuestro ego nos impone que sean. Vencer eso puede llegar a convertirse en un gran reto con nosotros mismos.


La relación con el ser interior se basa en lo sencillo y en mirarlo desde el amor del corazón no desde los intereses del exterior, que nos manejan y nos encierran en nuestra propia cárcel de emociones sin ser conscientes de ello.


El ser interior está libre de juicios y se nutre de un sentido de unidad consigo mismo y con los demás.


Una meditación que puede acercarnos a él es imaginarlo como la brisa, esa brisa que siempre nos rodea en el aire. El aire siempre ha estado ahí, aunque no queramos darnos cuenta, pendientes de otros detalles que tienen el poder de absorbernos por completo. Es ese aire gracias al cual podemos respirar, el que siempre abraza nuestro cuerpo y nuestras emociones y, que cuando se transforma en una dulce brisa, nos acaricia la piel y puede llegar incluso a penetrar por nuestros poros y cada pliegue de nuestros pensamientos hasta fundirse con el amor de nuestro corazón. Siéntelo así por unos instantes.


¿Notas como tienes ganas de sonreír?... Es tu corazón que te dice que te fusiones con su risa a través de tus labios. Sonreíd al unísono. Sonríele a tu ser interior y a la vida que tienes la dicha de vivir y siéntete tú mismo desde la calma del momento presente.


domingo, 3 de enero de 2010

En libertad y en paz con la vida


Sentirse en libertad y en paz con la vida debiera de ser una filosofía que se expresara de forma natural en cada día de nuestra existencia y que nos empujara a sentirnos bien, en paz y libres de toda angustia, aceptando las cosas tal como son y sobre todo siendo conscientes de que todo es transitorio. Por tanto, podemos disfrutar mientras duren los momentos agradables y darnos cuenta de que, como los desagradables, pasarán, no preocuparnos en exceso de algo que a lo mejor no depende de nosotros. Darle demasiadas vueltas a algo repetidamente, a lo único que contribuirá es a hacernos sentir mal, a obstinarnos en actitudes inútiles y a complicar las cosas pues para solucionar los problemas es vital una actitud abierta, segura y serena.

Sentirse en paz y en libertad:

- A pesar de la actitud crítica de los demás hacia nuestros sueños y metas
- A pesar de todos los obstáculos que nos quedan por superar
- Agradeciendo hasta lo más sencillo: desde una puesta de sol hasta el simple hecho de poder levantarnos cada mañana y caminar
- Valorando todo lo bueno que hemos conseguido y descubriendo qué nos ha aportado lo malo, al final de todo
- Entregándonos al momento presente sin preocuparnos ni exagerar
- Tomándonos la vida como un proceso que siempre juega a nuestro favor y en el que todo lo que nos sucede tiene su razón de ser
- Afrontando cada día con seguridad, confianza y valentía y abriéndonos a la lección que nos brinda


Una idea excelente para no cerrarnos ante hechos que nos agobian es imaginarse la vida como un proceso en continua expansión, como si nosotros fuéramos una estrella que nunca para de brillar en armonía con el continuo movimiento del Universo, siempre creciente y cambiante. Y en esa expansión es donde reside la emoción y el equilibrio que nos sustenta.

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miércoles, 25 de noviembre de 2009

La valía en la vida






La valía y el potencial interior afloran de forma espontánea, cuando nos detenemos a pensar en aquello que nos hace sentir bien. Se trata de autoexplorarnos emocionalmente a fin de preguntarnos qué dotes y talentos podemos desarrollar en armonía con nosotros mismos y con nuestro entorno. Es, en definitiva, cuando nos encontramos a gusto con nosotros mismos en el desarrollo de actividades que nos hacen sentir vivos y útiles, que nos gratifican y nos nutren.

Desplegar nuestras posibilidades y ponerlas a trabajar es todo un reto, que nos permitirá sentirnos identificados con nosotros mismos y con nuestro entorno, y en el que nos sentiremos alentados y fortalecidos antes los posibles obstáculos que puedan presentarse.

Los elementos que posibilitan la manifestación de nuestra valía son:


La impresión de que perdemos la noción del tiempo, mientras canalizamos la fuerza de nuestro potencial y de nuestras cualidades y habilidades más preciadas.
  • La motivación.
  • El entusiasmo.
  • La flexibilidad y la interacción.
  • Las ganas de innovar y de superarse.
  • La seguridad y la confianza en uno mismo.
  • La agradable sensación de experimentar una libertad interna y sobre todo de que estamos en el camino correcto.
  • La plenitud y la satisfacción que conlleva su puesta en práctica.

sábado, 26 de septiembre de 2009

El latido de la vida



El latido de la vida es aquél que la impulsa a manifestarse plenamente en actividad, impregnada en la esencia del presente y habiendo perdonado el pasado. De este modo, el corazón bombea nuestras experiencias de manera que vamos creando nuestro propio camino gracias a nuestras elecciones.


Un latido sano y enérgico de la vida viene determinado por:

  • La motivación, la ilusión y el entusiasmo en cada paso del camino.
  • No desanimarse ante los obstáculos.
  • Ser conscientes de la propia responsabilidad en cada una de las experiencias.
  • Olvidarnos de rencores y de viejas rencillas.
  • Sentir el amor por nosotros mismos y por cada elemento que nos rodea.
  • Ser capaces de ser felices con cosas tan simples como escuchar las gotas de lluvia o cuando la suave brisa se desliza por nuestra piel.
  • Maravillarnos por la belleza que la vida despliega antes nosotros y que, a veces, con las prisas y las exigencias de lo exterior, se nos escapa.
  • Creer en nosotros mismos y en los demás.
  • Ser capaces de decir no, si es necesario, pero también valorar lo bueno que hay en los demás.
  • No ser duros con nosotros mismos ni con los demás.
  • Manifestar una actitud de paciencia, humildad y respeto.
  • Ser conscientes de que siempre se abren nuevas posibilidades en el camino.

viernes, 14 de agosto de 2009

El impulso de la vida



El impulso de la vida es aquello que nos lleva a mejorar y a seguir adelante. Es algo profundo que guía nuestros pasos, es como una voz interior que nos alienta y nos anima a manifestar al exterior nuestras intenciones a pesar de todo.

Así pues, el impulso va íntimamente ligado a nuestra fuerza de voluntad y al firme propósito que lo hizo nacer.


El impulso de la vida es lo que da forma a nuestros sueños. Podría considerarse como el primer paso hacia ellos. En este sentido, es una forma excelente de creer en nosotros mismos y en nuestras posibilidades de éxito.


¿Por qué no fiarse de nuestro instinto?, ¿por qué no arriesgarse, aunque sea sólo un poquito?


El impulso que nos guía es como un corazón interior que latirá y bombeará nuestros deseos en la dirección de nuestros pensamientos, impulsados con fuerza por la fe y la seguridad en nosotros mismos. Sin esa firme creencia en nosotros mismos, el impulso nunca llegará a cobrar vida.


Y tú, ¿sigues los impulsos de tu corazón?