sábado, 12 de febrero de 2011

La tristeza

La tristeza es un estado vital en el cual a la persona le cuesta tomar decisiones acertadas, llevar a cabo actividades energéticas o tomar la iniciativa pues su estado mental impide seguir adelante con las propias decisiones, sobre todo si, además, se siente frustración, resentimiento, falta de fe en uno mismo, melancolía o falta de aceptación del presente.

Cuando la melancolía aflora, un antídoto es hacer un esfuerzo por valorar y agradecer lo bueno que la vida nos ofrece, que nos ha ofrecido y que nos ofrecerá, sintiéndolo como algo nuestro en el ahora.

Cuando la frustración aparece, podemos imaginar o reconocer las buenas cualidades que existen en algunas personas y extenderlas al resto, como si fueran una capa de energía pegajosa que se adhiere al alma de aquellos a quienes llega. También podemos sentir como este capa de energía de cualidades positivas emocionales, nos envuelve y se asienta en nuestro corazón. De igual modo, también podemos enviar la energía de nuestras propias cualidades y habilidades a los demás como si fuera una alfombra de luz que bendice a quienes ponen sus pies sobre ella.

De esta forma, contribuimos a potenciar aquello que calificamos como bueno o positivo.


Cuando el resentimiento nos nubla los sentidos, nos concentraremos en el concepto de la compasión, en la cual nos colocamos en el lugar del otro, de aquél que nos causa sufrimiento, lo comprendemos aunque no lo compartamos, lo respetamos y no lo menospreciamos y proyectamos amor, perdón y liberación, visualizando como cada uno sigue su camino en paz, sin cargas inútiles.

Cuando la tristeza va acompañada de falta de fe en uno mismo, visualizaremos a nuestro niño interior, ese niño amoroso, alegre por nacimiento que corría libre, jugaba y se sentía maravillado ante cosas que pasan desapercibidas en la edad adulta. Finalmente, le pediremos a ese amor que impregnaba el alma del niño que se adhiera al adulto que somos ahora, el cual beberá de esa cascada energética y vaporosa, infinita y poderosa que siempre está a nuestra disposición.

Cuando la tristeza va acompañada de falta de aceptación del presente, le pediremos al presente que se presente como una caricia ante nosotros la cual sentiremos a flor de piel gracias a los sentidos. Cuando toquemos, rocemos intentaremos sentirlo tan intensamente como podamos y cuando los rayos del sol o la frescura de las gotas del rocío se crucen en nuestro camino, les agradeceremos que estén allí para recordarnos que la vida pasa y que todo es transitorio, incluso la tristeza o las cosas que no nos gustan, las cuales podemos disolver, valorando otras cosas buenas por simples que parezcan y tratando de comprender que lo que no nos gusta está ahí por alguna razón que no entendemos, pero que nos dejará una valiosa lección y probablemente abrirá la puerta a nuevos caminos o nuevas formas de pensar que se materializarán en nuevas experiencias. A veces, la magia de la vida se abre a partir de la inquietud, del sufrimiento, de lo imprevisible, de lo desconocido o de lo emocionante.

El poder de los cinco sentidos y el ser plenamente conscientes de que están teniendo lugar ahora mismo, nos ancla poderosamente en el presente, trayéndolo de este modo a nuestra realidad y llegando a dejar en segundo lugar a aquello que no nos gusta. Si además, aprendemos a mirar a lo que nos disgusta, pero a la vez reconocer que ante lo que nos desagrada podemos también sentir serenidad o alegría, descubriremos que no siempre es posible sentir una sola emoción en este mundo dual y que la mezcla de dos o más emociones cobra fuerza en lo cotidiano. De hecho, la verdadera serenidad o paz es la que es capaz de cobrar fuerza a pesar de la tristeza, la decepción o el conflicto.

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viernes, 28 de enero de 2011

La felicidad (4)


La felicidad es aquel sentimiento de bienestar emocional que nos comunica con nuestro ser interior para descubrir lo mejor de nosotros mismos y de nuestro alrededor.

Una vida en armonía con nosotros mismos y con los demás, de acuerdo con nuestros valores y en el pleno desarrollo de nuestros talentos y habilidades, nos brinda la seguridad de que ocupamos nuestro lugar en la vida y de que estamos cosechando una existencia de prosperidad emocional.

El equilibrio de la mente, el positivismo y el control sobre los nuestros pensamientos para desechar los negativos y potenciar los positivos, incidirá en una calidad de vida que nos aportará un estado natural de alegría interior, que generará en el exterior experiencias de dicha y de gozo en las cuales los obstáculos se afrontarán como retos que nos mostrarán nuestra fortaleza interior y capacidad de adaptación y nos servirán para que nos conozcamos mejor a nosotros mismos.

Los factores que nos acercan a la felicidad son, entre otros:

  • La realización personal
  • La creatividad
  • La plenitud
  • La flexibilidad
  • La aceptación
  • El desapego
  • La paz interior
  • La confianza en nosotros mismos y en la vida
  • Centrarse en cada instante
  • La autoestima
  • Valorar los pequeños detalles y apreciar lo bueno en los demás
  • Abrirse a lo inesperado

Además, conseguir un estado de felicidad emocional depende en gran parte de nuestra capacidad de no resistencia al cambio, de escucharnos a nosotros mismos y a los demás, de dejar atrás los miedos y las dudas y de atreverse a experimentar la libertad de ser uno mismo en el respeto a los demás y por todo cuanto nos rodea.

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lunes, 10 de enero de 2011

Llorar de felicidad


Llorar de emoción o de felicidad es un llanto que normalmente tendemos a reprimir sobre todo si lo hacemos en público.

Curiosamente, es un tipo de llanto cuyas lágrimas nos conectan con el gozo, la felicidad o la dicha de un/os momento/s en base a la rememoración de una emoción generada antaño la cual traemos a la memoria y cuya vibración es tan fuerte y profunda, que nos provoca una situación emocional latente que aflora en forma de lloro que bien pudiera considerarse una sonrisa interior.

Llorar de felicidad es un acto que podríamos permitir que se manifestara en toda su extensión en lugar de tratar de pararlo, no obstante, en público es algo que solemos hacer en base a la discreción, vergüenza o decoro. Sin embargo, son lágrimas de alegría, de nostalgia que nos aportan la calidez de un momento o época tan sublimes que todavía nos hacen vibrar a flor de piel.

Entonces, ¿por qué reprimir este acto tan bello y significativo?

Si lloramos de emoción por algo que nos causa dolor, con las lágrimas liberamos el sufrimiento y si lo hacemos por la alegría que el llanto trae al ahora, entonces, mayor motivo para seguir abriéndonos a él.

Llorar de felicidad:

  • Nos acerca a nuestra dimensión más humana y nos hace sentir vivos.
  • Nos ancla en el ahora, aunque nos recuerde el pasado pues el llanto sucede aquí y ahora.
  • Nos enseña que vale la pena vivir.
  • Es una forma peculiar de sonreír.
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martes, 7 de diciembre de 2010

El encuentro con la paz interior (2)

Hallar la paz interior es posible, si nos detenemos e intentamos dejar atrás los lastres, que nos perjudican y nos condicionan, gracias al perdón y al desapego. En la paz y en el encuentro con uno mismo también influyen factores como:

-La autoestima: Potenciar la autoestima es una fuente directa de acceso a nuestra paz interior ya que cuanto más nos amemos, más bien nos sentiremos con nosotros mismos y cuanto más bienestar atraeremos hacia nuestra vida, más mejorarán nuestras relaciones y más cerca estaremos de conseguir nuestros objetivos.

-La energía positiva: Todos somos canalizadores de energía. El hecho de pensar en positivo genera energía positiva que fluye en nosotros y afecta también a las personas que nos rodean. Ello implica que la canalización interna de la energía positiva que generan nuestros pensamientos, se verá reflejada en nuestras vivencies cotidianas y las transformará para mejorarlas sustancialmente.

-El autocontrol: y saber reflexionar para tomar las decisiones adecuadas resulta vital para nuestra experiencia, tomando consciencia de que de los errores siempre se aprende y también de que no hay que tener mido de volver a empezar pero siempre habiendo asumido la valiosa lección a que nos ha conducido el hecho de haber cometido el error.

Así pues, la paz interna nace como consecuencia de tomar decisiones que nos afectan a nosotros y a las personas de nuestro entorno, teniendo en cuenta las circunstancias del momento que nos toca vivir y buscando el punto de equilibro, aunque a veces nos equivoquemos.


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sábado, 20 de noviembre de 2010

El encuentro con la paz interior



La paz interior es un estado al cual todos deseamos acceder y que, de forma natural, ya se halla en nosotros. Sin embargo, para adentrarnos en ella es necesaria una introspección, por ejemplo, siendo conscientes de nuestra respiración pausada o llevando a cabo otras técnicas, entre ellas, la meditación. Pero hay otras maneras a nuestro abasto que nos ayudarán a conectar con nuestro equilibrio emocional y con la quietud:

-Estar en la consciencia del momento presente: es muy importante crear más presencia en la nuestra vida cotidiana y prestar atención a lo que nos está sucediendo en el momento actual. Por esta razón, no hay que dejarse distraer o atormentar por hechos del pasado o de lo que nos pueda suceder en el futuro ya que la clave del éxito o del hecho de encontrar las herramientas para mejorar las circunstancias siempre reside el momento presente, el único escenario en donde todo se desarrolla y en el que, si nos permitimos hacerlo en paz con nosotros, conseguiremos que esa misma paz se manifieste en el exterior. Lo más importante es el ahora, el aquí, lo que estamos haciendo ahora y el ser conscientes de que hay una inteligencia superior y universal que todo lo guía y observa. Sentirla anclada en nosotros es encontrarse con uno mismo.

-El poder de los pensamientos: es tan grande el poder de los pensamientos que, si fuéramos plenamente conscientes de ello, pensaríamos sólo en positivo y automáticamente atraeríamos excelentes resultados en el día a día. Sin embargo, los pensamientos negativos también poseen fuerza creadora, por eso, es vital sustituirlos por los positivos para dejar atrás las preocupaciones que nos esclavizan en el pasado y en el futuro y que, en muchos casos, no dependen de nosotros. Además, las preocupaciones nos impiden confiar en nosotros y en el proceso de la vida.

-El poder de las palabras: es importante medir nuestras palabras y esto también incluye utilizar un tono de voz adecuado, no muy elevado. También evitaremos, en la medida de lo posible, hacer comentarios negativos, despectivos o de crítica.

-El poder de nuestras acciones: Toda acción tiene una consecuencia, según la ley del karma, de la causa y el efecto. Por tanto, recibimos lo que damos o lo que hemos dado en forma de experiencia presente. De hecho, a través del karma nos vienen experiencias gratificantes y satisfactorias, y también algunas otras que no vivimos de esta manera pero que, si sabemos gestionarlas superando el sufrimiento inicial, nos brindarán una valiosa lección. Una vez integrada la lección nos sentiremos en paz con nosotros mismos, más seguros y más sabios, aunque el verdadero secreto reside en aceptar con serenidad lo que nos trae el instante, confiando en que todo sucede por una misteriosa razón que el Universo ha elegido para nosotros y que en algún momento, comprenderemos. En este sentido, actuar correctamente, en función de nuestros valores y principios, es la mejor manera de atraerse circunstancias positivas, de superar desafíos sin resistencias y de sentirse en paz con uno mismo y con los demás.

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jueves, 4 de noviembre de 2010

La felicidad (3)


La felicidad reside en la satisfacción y la aceptación de lo que nos sucede y en el ensalzamiento de lo positivo de cada experiencia. Sin embargo, la verdadera felicidad se basa en la fortaleza, la confianza y la serenidad ante el conflicto y en la seguridad y en la fe en la propia capacidad para resolver las situaciones. La felicidad va de la mano de la intuición, que escucha a la guía y la voz interior y no teme a lo desconocido, a lo imprevisto o a lo inesperado.

La verdadera felicidad es un estado interior de no apego que no depende del lujo, la exclusividad o la ostentación sino que va siguiendo el camino del impulso cósmico en un diálogo interior apacible que va marcando sus huellas en el camino exterior que dibuja cada circunstancia. De este modo, la felicidad nace del instante y mira lo que tiene ante los ojos, suavizando las emociones y los juicios. Así pues, la verdadera felicidad aparta la crítica, la duda, la hipocresía y la testarudez, adaptándose al presente y agradeciendo cada paso con el firme convencimiento de que la sabiduría del Universo está de nuestro lado y de que nos toca jugar en las inmensas posibilidades que una mente abierta y lúcida intuye, sabe y vislumbra gracias al optimismo, la sensatez, el equilibrio y la inteligencia de un corazón lleno de amor y perdón por uno mismo, por los demás y por todo cuanto nos rodea.

La felicidad sabe escuchar y analizar con calma las emociones para tornarlas apacibles y embellecer así nuestros sentimientos para descubrir la belleza de nuestra luz interior y la de los demás, en una balanza de empatía, dulzura, paciencia, tolerancia y humildad.

La persona auténticamente feliz es serena, alegre, honesta, generosa y se nutre de la belleza que el momento presente nos regala en lo cotidiano para convertirlo en mágico, único y sublime.

sábado, 16 de octubre de 2010

La felicidad (2)





La felicidad pudiera definirse como un estado mental de plenitud y de paz interior en sintonía con nuestro entorno.

La felicidad implica aceptación, autonomía, equilibrio, confianza, flexibilidad y desapego, sin dependencias ni hábitos adictivos que esclavicen nuestras emociones y condicionen nuestros comportamientos. De esta manera, la felicidad es consecuencia de la libertad y de la opción de ser uno mismo, haciendo las cosas de corazón y no porque nos sintamos obligados a llevar a cabo un rol social determinado para agradar y recibir aprobación, dejando a un lado aquello que más deseamos para sentirnos a gusto con nosotros mismos, siempre desde el respeto hacia nosotros y hacia los demás.

En la felicidad respiramos con nuestras circunstancias, sintiendo como cada momento nos expande en la serenidad del ser, fortaleciéndonos en la adversidad y conociéndonos a nosotros mismos en la superación de los obstáculos, consecuencia inevitable del avance en el cambio.

La felicidad permite ser y dejar ser, fluir y dejar fluir aceptándose a uno mismo y a los demás en la plena confianza en el instante, fugaz y efímero, y liberándose del miedo a lo desconocido e imprevisible. La total apertura a lo que nos trae cada momento deja atrás la resistencia a lo que es y nos abre a recibir la lección de nuestra alma.

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